Mes: noviembre 2016

EN LA CÚSPIDE DE LOS SENTIMIENTOS

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KARINA DANSINGHANI

La vida dispone y pone; todo tiene, todo ofrece. La vida es generosa, es bella e infinita. Todo busca, todo encuentra. Pero a veces, la vida coloca y desaloja.

10 años antes 

– Tengo que decirte algo antes de que te vayas, algo muy importante.- dije con voz asustada.

Se giró para mirarme a los ojos y analizarme. Su melena lucía perfecta, sin embargo, algo había cambiado en ella. Sin duda eran sus perfectos ojos azules, que ya no eran tan perfectos. Estaban rojos e hinchados, a pesar de todo el maquillaje, se notaba que había estado llorando. Su rostro ya no trasmitía esa imagen de superioridad, sino vulnerabilidad.

– Tengo que coger el vuelo y además, ¿quién eres? – Fue un golpe bajo. Pero, ya no me dolía tanto. Una se acostumbra a ser invisible a los ojos de los demás.

– Íbamos a clase de historia juntas, ¿recuerdas? Te ayudé con el trabajo final para que consiguieses la nota y aprobases – contesté. En realidad, me había pagado para hacerle el trabajo pero ¿qué más da? Fue una forma fácil de conseguir dinero.

– Si lo que quieres es una recompensa por haberme hecho un favor, solo dime cuánto quieres, no tengo tiempo para charlar – dijo con apuro. Así que realmente no me recordaba, ni recordaba haberme pagado. Este era un buen momento para conseguir dinero fácil… pero aquel no era mi objetivo.

– No he venido a por dinero, he venido para contarte la verdad. Mereces saberla.

– Lo siento, ya te lo he dicho, no tengo tiempo. Te llamaré y podremos hablar.- Esas fueron sus últimas palabras. Dio media vuelta y se alejó con su carísima maleta de Luis Vuitton y con mi única oportunidad de contarle la verdad, de desahogarme. Claramente no iba a llamarme, si no sabía quién era, ¿cómo iba a tener mi número? Algo me decía que no se estaba marchando a la universidad, sino que estaba huyendo de los recuerdos de la ciudad.  Leer el resto de esta entrada »

Vidas paralelas

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CORO FERRÁN

En una pequeña aldea, muy lejos de la ciudad, en una familia humilde, nacieron dos hermanos con no más de 10 minutos de diferencia. Ya al nacer, se veía que los gemelos eran muy diferentes. El mayor nació rápidamente como si tuviese prisa para llegar al mundo, y llorando muy fuerte, quizá para hacerse notar. El pequeño, sin embargo, le costó más salir, hubo que ayudarle y su llanto, más bien, era un sollozo.

Al mayor le llamaron Anselmo, como su padre, el cabeza de familia; y al pequeño le pusieron el nombre del patrón del pueblo, Jacinto, pensando en que algún día el santo le podría ayudar. Fueron pasando los años y, lo que ya se intuía en su nacimiento, resultó ser cierto. Anselmo era fuerte y bien parecido. Nunca caía enfermo. Era, también, muy listo y, a la vez, muy travieso: siempre estaba ideando trastadas. Jacinto, por el contrario, era más débil. En vez de inventar travesuras, ayudaba a sus padres en las tareas del hogar: cuidaba de los animales, partía leña, iba a por agua… y todo ello siempre contento y de buen humor.

Anselmo y Jacinto iban juntos a la escuela y, aunque Jacinto se esforzaba mucho, el que siempre destacaba era Anselmo. Un día, don Cosme, el maestro, se acercó a casa de Anselmo y Jacinto para hablar con sus padres. Don Cosme les explicó que él ya no podía enseñarles nada más a sus hijos y que, por tanto, debían ir a la ciudad para continuar con sus estudios. Pero esto suponía un problema, ya que los padres de Anselmo y Jacinto eran muy humildes y no tenía el dinero suficiente para costear los estudios de sus hijos en la ciudad.

Después de mucho darle vueltas, llegaron a una conclusión: mandarían a la ciudad a uno solo de los hermanos y el otro se quedaría en el pueblo aprendiendo las labores del campo. Y así fue. Claro está que el que fue a estudiar a la ciudad fue Anselmo y Jacinto se quedó en el pueblo.

Pasaron los años y los padres de los hermanos murieron. Los huérfanos tomaron caminos diferentes. Anselmo se fue a vivir a la ciudad y se dedicó al comercio. Al poco tiempo ya se había convertido en un hombre muy rico. Se casó y se hizo una gran casa. Leer el resto de esta entrada »

JEREMY

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ANA LIS MARZO

Ahora mismo me encuentro entre la espada y la pared, y lo único en lo que puedo pensar es en no cometer un fallo, que tanto caracteriza a los humanos.

-¿Piedra, papel o tijera?-dijimos al mismo ritmo pausado y melódico, mientras le miraba a los ojos, y le deseaba el mal.

-¡Perdiste! Te toca a ti contar- me dijo mi gran contrincante riéndose y sacándome la lengua junto a los demás niños, a los que apenas conocía.

Me dirigí cabizbajo a la columna, a la más roñosa que había, sin rechistar, cumpliendo mi condena. No me gustaba nada este juego, no me gustaba esconderme, ni correr y menos aún contar. Pero las normas son las normas, como decía mi tío, el gran empresario del presente, si no las cumples pierdes, y si pierdes no puedes ganar, y si no ganas, no vives.

Empecé a contar, desde el uno hasta el veinte, mientras planeaba mi maléfico plan en beneficio a mi victoria – ¿Tendría que ir primero a por el más lento o a por el que siempre se esconde detrás del monumento, o tal vez debería vengarme del que me dejó en tal lugar?- me decía mientras más me acercaba al final de la cuenta atrás.

-Diecinueve y veinte – me giré y observe a mi alrededor. Nadie por la derecha que pudiese ver, nadie por la izquierda. Menos mal que la estatua estaba allí y el chico también, se le veía los pelos de punta que me hacía recordarle. Decidí ir a por la apuesta segura, y me acerqué lento, pero seguro, con pasos cortos, pero firmes. Siempre me habían dicho paticorto, por lo que me sentía experto en esto. Me iba acercando cada vez más y veía a los demás acercarse a la columna. No me iba a preocupar por los demás, el otro seguía ahí, él era mi apuesta. Leer el resto de esta entrada »

¿Cuál es tú favorito?

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¡No te pierdas los collages que han hecho nuestros alumnos!

El palacio encantado

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Adolfo Cabrera

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En un bosque muy lejano había un palacio muy grande, con dos perros guardianes, que empezaron a ladrar “guau guau”, por lo que me alejé.

Al rato salió un caballero del castillo y los mandó a callar “shhhh”.

-Acércate no hacen nada- me dijo.
Yo me acerqué lentamente, y al entrar al palacio me encontré con poetas músicos, artistas, etc… Al saludar a los poetas me dijeron

-Oh señor ¿qué hace usted por aquí?
-Oh señor iros ya de aquí

Yo me extrañé pero seguí caminando. Leer el resto de esta entrada »

Mi vida en prosa

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Eva Zheng

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A lo largo de nuestra vida todos nosotros tenemos nuestra propia experiencia, en el que lloramos, reímos, nos enfadamos y nos aburrimos. Ahora voy a empezar a contar mi propia experiencia.
Soy china, pero nací en una isla pequeña que se llama Gran Canaria. Es tan pequeña que ni se ve en el mapa. Aquí, en el sur, durante los doce meses del año hay diez meses que parecen verano; aquí la gente adora la playa y las fiestas, pero este no es mi caso.
Yo he estado viviendo aquí hasta los cincos años, porque me fui a China a estudiar el idioma chino durante unos cuantos años. Allí aprendí muchas cosas que no se pueden aprender aquí. Pero un día vino mi padre a China y me llevó de vuelta a Gran Canaria, (donde estoy yo ahora mismo). Empecé desde quinto de primaria estudiando español, en un nuevo colegio privado que se llama colegio arenas de Las Palmas. Allí aprendí lo básico del español, como los saludos, ya que cuando llegué no sabía nada. Poco a poco, fui siendo capaz de comunicarme mejor con los demás. Gracia a eso, hice unos cuantos amigos. Leer el resto de esta entrada »

Actividad padel 1º ESO A

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Hace un par de semanas mi clase 1 eso A tuvimos unas actividades de padel en educación física. Partieron la clase en dos grupos, cada grupo tenía un monitor. A mi grupo, le tocó un monitor llamado Doni. Era muy simpático y nos enseñó muchas cosas sobre padel. Aprendimos a como jugar e incluso jugamos un pequeño partido contra él. Me gustó mucho la actividad y espero que vuelva a repetirse porque nos reímos y nos lo pasamos genial.

– Anne García alumna 1 ESO A.